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Fray Juan Bautista de Ardales / Manuel Zurita Carvajal

Fray Juan Bautista de Ardales
Fray Juan Bautista de Ardales

Nombre: Fray Juan Bautista de Ardales / Manuel Zurita Carvajal.

Fechas vitales: Ardales, 16 de junio 1884 – Sevilla, 29 de junio 1960.

Biografía: Escritor; Hijo de Antonio Zurita y Trinidad Carvajal. Desde muy joven vivió imbuido en el espíritu franciscano y capuchino, ya que según refiere en su obra La Divina Pastora y el Bto. Diego José de Cádiz, sus abuelos tenían un pequeño cuadrito con la efigie del fraile y un crucifijo que decían que empleaba durante sus misiones. En este caldo de cultivo no es de extrañar que se despertara la vocación religiosa en el joven Manuel, queriendo ingresar en la Orden antes de la edad admitida y en una época en la que las órdenes religiosas estaban muy perseguidas. Ingresó en el noviciado capuchino de Sevilla, para posteriormente realizar sus estudios en Antequera y Granada.

En 1910 recibió el encargo, junto al padre Marcelo de Campillos, de redactar el Reglamento del Colegio Seráfico de Antequera tras haber sido trasladado a este convento, conforme a las leyes eclesiásticas y las de la Orden. En el mismo había practicado la docencia y poco después ocuparía su dirección.

Tras el fallecimiento del padre Marcelo de Campillos, fue trasladado a Sanlúcar de Barrameda, haciéndose cargo de todos los estudiantes de la Provincia en el año 1913. Tan sólo un año después es trasladado a Sevilla como vicario y al mismo tiempo como administrador de la imprenta del convento. En la ciudad pronto alcanzaría fama de erudito, siendo propuesto por el arzobispado para que recibiera por parte de la Santa Sede el título de Doctor en Sagrada Teología, honor que le fue concedido el 19 de diciembre de 1914.

El 17 de febrero de 1916 se erige canónicamente la capilla de San José de Sevilla, siendo su primer superior el padre Ardales. Al año siguiente fue elegido guardián del convento sevillano, haciendo extensivo el mismo cargo a la capillita de la calle Jovellanos.

Tan sólo tres años transcurrieron hasta que fuera elegido por primera vez Ministro Provincial de Andalucía, el 11 de agosto de 1920, cargo que ocupará durante varios trienios en las décadas de 1920 y 1930. Ocupando el referido cargo y gracias a su mediación y gestiones, el Ayuntamiento de Sevilla hizo entrega a la Comunidad de Capuchinos del antiguo convento que, a cambio de los solares en que hoy se asienta el edificio de la Cruz Roja, había permutado siete años antes fray Diego de Valencina. Al año siguiente consiguió que la Divina Pastora compartiera la titularidad del convento junto a las santas Justa y Rufina y se situó entre uno de los artífices de su coronación canónica. Comenzó también a promover por estas fechas el envío de estudiantes a Roma para su completa formación, para que en un futuro fuesen los que ocupasen los cargos de mayor relevancia en la Orden. En esta preocupación por la educación de los jóvenes novicios, levantó el Colegio Seráfico de Antequera, inaugurado en 1925, dada la escasez de espacios del que se disponía para albergar todas las vocaciones demandantes. También realizó obras de adaptación del convento de Sanlúcar para Colegio Mayor de Teología y Filosofía, dotándolo de un buen gabinete de Ciencias. Igualmente restauró el convento de Sevilla.

Cabe destacar que durante su segundo mandato al frente de la Provincia, fue el primero que realizó la visita canónica a la misión de la República Dominicana, entre 1923 y 1926. Antes de partir envió una circular a los religiosos explicándoles los motivos del viaje, que lo mantendría ausente 7 meses. Su contacto con la Curia General en Roma también fue bastante constante durante este período. Allí envió una detallada relación de las labores efectuadas por los capuchinos en la misión hispanoamericana.

De este modo llegó el final de este trienio al frente de la Provincia. Durante los tres años siguientes, al no ostentar ningún cargo de relevancia en la Orden, ocupó su celda en el convento de Sevilla y se dedicó a la investigación y, especialmente, se consagró a dar un gran impulso a la devoción de la Divina Pastora. Entre las actividades realizadas para ello, editó impresos, estampas, fotografías, medallas, etc. Empezando a trabajar en la parte documental y en la colección de cuadros, azulejos, relicarios y objetos que terminarían convirtiéndose en el museo de la Divina Pastora, que ya había sido aprobado el 27 de septiembre de 1919. El 27 de abril de 1929 fue nombrado hermano honorario de la hermandad de la Divina Pastora establecida en la iglesia de Santa Marina.

Fue nuevamente proclamado Ministro Provincial, teniendo que hacer frente a las dificultades que se cernían sobre la nación tras la proclamación de la II República. Entre las muchas actuaciones que debió ejecutar, en 1931 y tras los sucesos acaecidos de índole anticlerical, fray Juan Bautista fue a buscar refugio para sus hermanos capuchinos, a la vecina nación de Portugal. Allí comenzó a gestionar con el Obispo de Beja, José do Patrocinio Dias, la cesión de la parroquia del Salvador para la fundación de una nueva residencia capuchina, que finalmente llegó a efecto en 1935. Con la intensificación de la inestabilidad en España y el estallido de la Guerra Civil, tuvo que permanecer en el cargo hasta 1937. También se trasladó a Ronda preocupado por los restos del beato Diego José de Cádiz que allí se veneraban, pudiendo comprobar cómo se habían salvado de las revueltas. Todo ello lo fue refiriendo en una carta circular publicada en la Provincia el 20 de septiembre de 1936. Fue esta la última carta que dirigió a sus hermanos andaluces antes de cesar del cargo de Ministro Provincial en favor de Serafín de Ausejo, el 13 de septiembre de 1937.

Fue a partir de este momento, como indicábamos arriba, cuando se dedicó por entero a documentar la devoción a la Divina Pastora, trabajo que verán sus frutos en La Divina Pastora y el Bto. Diego José de Cádiz. El museo por el que tanto trabajó se hizo precisamente realidad en este año de 1937, cuya ponencia inaugural la pronunció el profesor Hernández Díaz. Todo ello obedecía fundamentalmente a la intencionalidad de que la originalidad de la Devoción a la Divina Pastora, jamás se alejase de la figura de fray Isidoro de Sevilla, y por supuesto de la Provincia de Andalucía. Sobre este particular publicaría numerosos trabajos en El Adalid Seráfico, entre las décadas de 1940 y 1950. Su afán por extender la devoción a la Divina Pastora, lo llevó a regalar un cuadro de la misma a la comunidad capuchina establecida en Guatemala, más concretamente en la región de Jalapa.

Como dato curioso, cabe mencionar que fue el último en añadir testimonios a la crónica de Antequera comenzada por Nicolás de Córdoba, fechándose su intervención con posterioridad a 1940. En la misma, refiere la especial devoción que sentía por la imagen de la Divina Pastora de la iglesia conventual de Antequera.

La erudición de fray Juan Bautista de Ardales se pone también de manifiesto en su círculo de amistades, llegando a tener contacto con importantes escultores, pintores y orfebres de la Sevilla del momento. Esto se evidencia, y traemos nuevamente a colación la importancia que adquiere la Divina Pastora en buena parte de la vida del fraile, en la que es sin duda una de las piezas más notables de las que en origen conformaron su museo, como es el relicario de plata de Manuel Seco Velasco, realizado en 1953, que fue encargo por el padre Ardales. Su función fue y sigue siendo, la de sustentar la que tradicionalmente se ha considerado como la primera representación de la Divina Pastora, según el encargo realizado por Isidoro de Sevilla a Alonso Miguel de Tovar. La pieza, una pequeña placa de cobre sobre la que se plasma la visión del fraile, sirvió como modelo para las que vinieron después, entre ellas el primer gran lienzo efectuado con la representación de dicha advocación.

Fray Juan Bautista de Ardales
Fray Juan Bautista de Ardales

A colación con lo expuesto, su amistad con el artista Sebastián Santos Rojas se vio reflejada en la elaboración de una Divina Pastora para el Colegio Seráfico de Antequera, como homenaje a los 62 años como capuchino de Ardales, que se conmemoraron en la década de 1960.

También le unió gran amistad con el artista Enrique Orce Mármol, de quien llegó a ser director espiritual y ofició su funeral. Importantes fueron los encargos realizados junto al padre Ángel de Cañete, fundamentalmente obras cerámicas de sublime factura con la imagen de la Divina Pastora.

Sin duda, una de las frases que mejor pueden definir al padre Juan Bautista de Ardales es la que escribió Daniel de Palencia con motivo del fallecimiento del fraile en El Adalid Seráfico: “Ahora no puede sufrir su modestia. Y a boca llena podemos afirmar que ha sido el apóstol cumbre de la Divina Pastora, digno de figurar al lado del Beato Diego José de Cádiz y el Venerable Padre Isidoro de Sevilla”.

Escritos más importantes:

“Circular con motivo del martirio de siete religiosos y de los sucesos ocurridos en la Provincia durante la lucha del glorioso ejército español contra las hordas marxistas en el año 1936”, El Adalid Seráfico, Sevilla, 1936, año 37, p. 228-240.

“Monografías de la Divina Pastora”, El Adalid Seráfico, Sevilla, 1946-1956.

La Divina Pastora y el Bto. Diego José de Cádiz: estudio histórico. I, 1703-1900, Sevilla, 1949

Vindicación de la primitiva imagen de la Divina Pastora, venerada en la ciudad de Sevilla, en “Archivo Hispalense”, Sevilla, 1951.

El siervo de Dios, Padre Luis Amigó, obispo de Solsona y Segorbe, fundador de las religiosas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia…, [Madrid, 1952]

“El pueblo de Cerritos y su célebre imagen de la divina Pastora. Tradiciones históricas”, El Adalid Seráfico, Sevilla, 1956, año 57, p. 103-118.

Principales fuentes de información:

González Caballero, “Escritores capuchinos de la provincia de Andalucía. Estudio bibliográfico” [VI], Estudios Franciscanos, vol. 88, Barcelona, 1987, p. 113-124.

Ibáñez Velázquez, “Fray Juan Bautista de Ardales, figura prócer de la Provincia Capuchina de Andalucía en el siglo XX”, IX Curso de verano “El Franciscanismo en Andalucía”, Priego de Córdoba, 2003, p. 335-354.

Infante Limón & Rodríguez Conde, “Fray Juan Bautista de Ardales” (ficha técnica), Capuchinos, Memoria agradecida, Antequera, 2013, p. 202-203.

Linares Fernández, “Actas de capítulos provinciales y definiciones de la Provincia Capuchina de Andalucía (diciembre de 1898 a agosto de 1936)”, en Capuchinos, memoria agradecida, Antequera, 2013, p. 61, 64, 65, 66, 68, 70, 71, 73.

Ramírez Peralbo, Primer centenario de la restauración de la Provincia Capuchina de Andalucía 1898-1999. Historia de los primeros conventos capuchinos de Andalucía. Biografía de los religiosos de la Restauración. Granada, 1999, p. 18, 103, 111-123.

Román Villalón, La Divina Pastora en los escritos de fray Isidoro de Sevilla (1662-1750), Sevilla, 2012, p. 24-25, 29, 60, 73, 75, 105, 110, 115, 119, 124, 126, 132, 134, 139, 154, 158, 160, 170-171, 176, 179, 190, 216, 259, 291- 292, 308, 315-316, 325-327, 330, 338-339, 342, 344, 382, 394, 451-452, 456, 500-501, 526, 556-557, 584, 599, 601, 603-605, 620-622, 624, 647-648, 657, 660, 672, 697, 699, 740, 782, 786, 802, 809, 818-819, 822, 911, 913, 915.

Valiente Romero, “Presencia y actividad capuchina en la capilla de San José”, en Los Capuchinos y la capilla de San José: un siglo de convivencia (1916-2016), Antonio Valiente Romero (coord.), Sevilla, 2016, p. 15-76.

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