Convento de Capuchinos de Sevilla

 


Fray Luis de OviedoSi consideramos a Fray Isidoro “al que movía los humanos corazones para séquito de las virtudes y para el aborrecimiento de los vicios” (El Montañés Capuchino y Misionario andaluz, Dedicatoria a Fr Luis de Oviedo. Fray Isidoro de Sevilla). Realizó gran cantidad de misiones populares en Andalucía.

Fray Diego José de CádizFray Diego José de Cádiz fue sin duda el gran Apóstol, dedicando su incansable vida misionera a portar el estandarte de la Divina Pastora por toda la geografía andaluza y española misionada, que para el siglo XVIII no era un agradable paseo, símbolo inequívoco de su beatitud. Pasaba las noches a los pies de Jesús Sacramentado, y de su Divina Madre, su querida Pastora con cuya protección comenzaba sus misiones. Introdujo el culto a la Madre del Divino Pastor en numerosísimos lugares de Andalucía, Castilla, Aragón, Cataluña, Valencia, etc. Predicó por todas partes las glorias del celestial Pastorado de María, llegando a ser impulsor del reconocimiento de la Iglesia y la institución por el Papa Pío VI, el 1 de agosto de 1795, de la Fiesta Litúrgica de la Madre del Buen Pastor.

Fray Esteban de AdoainFray Esteban de Adoain el apóstol que traspasó las fronteras españolas durante el siglo XIX. Este Venerable padre llegó a fundar pueblos en Sudamérica bajo la protección de la Divina Pastora. Durante su mandato como Provincial se consigue que SS Clemente XI declare “Patrona de las Misiones Capuchinas” a la Divina Pastora, previa aprobación del Capítulo General de 1932.

Fray Juan Bautista de Ardales ya en el siglo XX resulta el último apóstol de la Devoción, con una vida marcada por la pasión que sentía por la Madre de Dios en este humilde título de Divina Pastora de las almas. En 1914 asume el cargo de Vicario en el Convento de Sevilla y la Santa Sede lo nombra Doctor en Sagrada Teología y miembro del Claustro de Doctores de la Universidad Pontificia de Sevilla.

En 1917 es elegido Primer Definidor Provincial y nombrado Guardián del Convento de la Ronda. A partir de entonces se consagró a dar un gran impulso a la devoción de la Divina Pastora, mediante la edición de impresos, estampas, fotografías, medallas… Comenzó a trabajar en la parte documental y en la colección de cuadros, azulejos, relicarios y objetos que terminarían convirtiéndose en el Museo de la Divina Pastora, tristemente desaparecido y sus piezas desaparecidas en un alto porcentaje.

En su primer viaje a Roma, consiguió que la Divina Pastora fuese declarada equae principales, es decir, Titular de la iglesia de capuchinos de Sevilla, por serlo ya Santas Justa y Rufina.

Fray J.B. ArdalesLa incansable labor del Padre Ardales, fiel continuador de la “Inspiración” del Padre Isidoro, de expansión de la Devoción Pastoreña lo llevó a promover y organizar la Coronación de la Divina Pastora de Capuchinos de Sevilla, en la que trabajó con entrega y tesón, tanto en su aspecto material (diadema y corona de la Virgen, certamen literario, fiestas de la coronación…) como en su dimensión religiosa.

Ya en 1937 y dejando el cargo de Ministro Provincial, se dedicó por entero a documentar la devoción a la Divina Pastora, trabajo que verán sus frutos en La Divina Pastora y el Bto. Diego José de Cádiz. El museo por el que tanto trabajó se hizo precisamente realidad en este mismo año, cuya ponencia inaugural la pronunció el profesor Hernández Díaz. Todo ello obedecía fundamentalmente a la intencionalidad de que la originalidad de la Devoción a la Divina Pastora, jamás se alejase de la figura de fray Isidoro de Sevilla, y por supuesto de la Provincia de Andalucía. Sobre este particular publicaría numerosos trabajos en El Adalid Seráfico, entre las décadas de 1940 y 1950. Su afán por extender la devoción a la Divina Pastora, lo llevó a regalar un cuadro de la misma a la comunidad capuchina establecida en Guatemala, más concretamente en la región de Jalapa.

La erudición de fray Juan Bautista de Ardales se pone también de manifiesto en su círculo de amistades, llegando a tener contacto con importantes escultores, pintores y orfebres de la Sevilla del momento. Esto se evidencia, y traemos nuevamente a colación la importancia que adquiere la Divina Pastora en buena parte de la vida del fraile, en la que es sin duda una de las piezas más notables de las que en origen conformaron su museo, como es el relicario de plata de Manuel Seco Velasco, realizado en 1953, que fue encargo por el padre Ardales. Su función fue y sigue siendo, la de sustentar la que tradicionalmente se ha considerado como la primera representación de la Divina Pastora, según el encargo realizado por Isidoro de Sevilla a Alonso Miguel de Tovar. La pieza, una pequeña placa de cobre sobre la que se plasma la visión del fraile, sirvió como modelo para las que vinieron después, entre ellas el primer gran lienzo efectuado con la representación de dicha advocación.

A colación con lo expuesto, su amistad con el artista Sebastián Santos Rojas se vio reflejada en la elaboración de una Divina Pastora para el Colegio Seráfico de Antequera, como homenaje a los 62 años como capuchino de Ardales, que se conmemoraron en la década de 1960.

También le unió gran amistad con el artista Enrique Orce Mármol, de quien llegó a ser director espiritual y ofició su funeral. Importantes fueron los encargos realizados junto al padre Ángel de Cañete, fundamentalmente obras cerámicas de sublime factura con la imagen de la Divina Pastora.

Sin duda, una de las frases que mejor pueden definir al padre Juan Bautista de Ardales es la que escribió Daniel de Palencia con motivo del fallecimiento del fraile en El Adalid Seráfico: “Ahora no puede sufrir su modestia. Y a boca llena podemos afirmar que ha sido el apóstol cumbre de la Divina Pastora, digno de figurar al lado del Beato Diego José de Cádiz y el Venerable Padre Isidoro de Sevilla”.

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