Convento de Capuchinos de Sevilla

Devoción a la Divina Pastora de las almas

Cien años coronada por Sevilla

Cien años coronada por Sevilla

Altar Misa acción de gracias

El pasado sábado 25 de junio celebramos Solemne Eucaristía de acción de gracias y clausura del Centenario de la Coronación Canónica de la Divina Pastora de las almas. Esta celebración se llevó a cabo en el compás del Convento capuchino de Sevilla, Cuna de la Devoción Pastoreña y justo un día después de cumplirse el 319 aniversario de la inspiración al Padre Fray Isidoro de Sevilla. El cariño y esmero de la Hermandad junto al apoyo de la Fraternidad nos ha llevado a gozar de este culto que viene a culminar más de un año de celebraciones extraordinarias que comenzara con la apertura aquel 29 de mayo de 2021 presidida por el Ministro Provincial Fray Carlos Coca Cueto. Durante estos meses se han recibido peregrinaciones de numerosas Hermandades y se han dedicado las sabatinas mensuales a diferentes asociaciones y colectivos sociales, poniendo de manifiesto el compromiso que los pastoreños de Capuchinos tienen con la sociedad.

Celebración

La Divina Pastora de las almas Coronada aparecía presidiendo el citado compás desde un altar montado exprofeso en la puerta de la iglesia conventual en la que se mostraba cercana al pueblo a la vez que majestuosa recordando las palabras del Libro del Apocalipsis: “Mujer vestida de sol, con la luna a sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”.

Divina Pastora clausura
Mujer vestida de sol

La celebración dio comienzo a las nueve de la noche y fue presidida por el Rvdo. Padre D. Juan Antonio Carreras Páramo S.S.P. y concelebrada por el Guardián de la casa, Fray Antonio Vázquez Ruiz y por el Director Espiritual de la Hermandad, Fray Rafael Pozo Bascón. Revestidas de una absoluta solemnidad las palabras del celebrante llegaron a los fieles y colmándolos de gozo vinieron a corroborar la alegría por todo este año de conmemoración y por las gracias recibidas durante el mismo.

Celebración 1

Antes de la bendición final la Hermana Mayor, Alicia Muñoz Villamayor, por parte de la Hermandad y Fray Rafael Pozo por parte de la Fraternidad dedicaron unas palabras a los presentes, hermanos y devotos de la Divina Pastora. A continuación por parte del Coro de la Hermandad, se interpretaron la Salve y, acompañado por un quinteto de viento de la Banda de Ntra. Sra. de las Nieves de Olivares, el Himno del Centenario de la Coronación, dando paso a un lucido castillo de fuegos artificiales, momento en el que los presentes irrumpieron en un atronador aplauso que duró minutos, viniendo a demostrar nuevamente el cariño del pueblo sevillano a la Divina Pastora de las almas Coronada, pasión de frailes y desvelo de los pastoreños que formaron, formamos y formarán su Redil.

Celebración 2

“A tus plantas nos postramos, Pastora nuestra

guiados por tu cayado, flor de pureza”

Rezo de la Salve a la Santísima Virgen

Fuegos artificiales 1
Fuegos artificiales

“Somos su pueblo y ovejas de su rebaño” Salmo 99

“Ciertamente les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas” Juan 10, 7

“Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí” Juan 10, 14

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Orgullosos de ser pastoreños

Pastora Patrona del Deporte

Iniciamos esta sección recordando hechos históricos acontecidos en el pasado siglo, con los que se pone de manifiesto la gran devoción presentada a la Divina Pastora de Capuchinos (Sevilla), tal y como podemos observar en el siguiente artículo del año 1952.

Deporte Divina Pastora



Fray Rafael Pozo
Fuente: El Adalid Seráfico.

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Divina Pastora. Iconografía

 

Evolución de la iconografía


Evolución de la iconografíaEl modelo iconográfico está claramente expuesto en los escritos de Fray Isidoro y que hemos mencionado en el texto principal “En el centro y bajo la sombra de un árbol, la Virgen Santísima sedente en una peña, irradiando de su rostro divino amor y ternura. La túnica roja, pero cubierto el busto hasta las rodillas de blanco pellico, ceñido a la cintura. Un manto azul, terciado al hombro izquierdo, envolverá el contorno de su cuerpo, y hacia el derecho, en las espaldas, llevará el sombrero pastoril, y junto a la diestra aparecerá el báculo de su poderío. En la mano izquierda sostendrá unas rosas y posará la mano derecha sobre un cordero que se acoge hacia su regazo. Algunas ovejas rodearán a la Virgen, formando su rebaño, y todas en sus boquitas llevarán sendas rosas, simbólicas del avemaría, con que la veneran. En lontananza se verá una oveja extraviada y perseguida por el lobo el enemigo emergente de una cueva con afán de devorarla, pero pronuncia el avemaría, expresado por un rótulo en su boca, demandando auxilio; y aparecerá el arcángel San Miguel, bajando del Cielo, con el escudo protector y la flecha, que ha de hundir en el testuz del lobo maldito”. Lo encargó al pintor Alonso Miguel  de Tovar para darlo a conocer el 8 de septiembre de 1703. El esquema compositivo nos recuerda a las representaciones que encontramos ya en época paleocristiana sobre el Buen Pastor. Probablemente fray Isidoro, como el propio pintor, tuvieran en mente este tipo iconográfico a la hora de crear este nuevo, al menos en los escritos del fraile encontramos menciones al Buen Pastor. Estudiosos del tema relacionan el óleo formalmente con Rafael y Murillo. Juan Antonio Sánchez López comenta al respecto que el artista efectuó una recreación bucólica, inspirada en las Madonas de Rafael y traduciéndolas a claves murillescas. El parecido formal con Murillo está justificado por el hecho de que Alonso Miguel de Tovar era discípulo de Murillo cosa que le debió influir mucho en su estilo a la hora de pintar, al igual que lo hizo con gran número de pintores de esta época. Por lo que hace referencia a la iconografía, nos encontramos con una representación en la que aparece la Virgen sentada en una roca, siendo coronada por dos angelitos. A su alrededor aparecen cuatro ovejas con una rosa en la boca. También tenemos la presencia de estas flores en el suelo. En el fondo aparece otra oveja que va a ser atacada por un león, de la cual sale el texto Ave María y aparece el Arcángel San Miguel con una espada llameante que acude en auxilio de esta oveja. Todo tiene lugar en una zona montañosa, lugar donde suelen pastar las ovejas.

Todos estos elementos los explicará el propio fray Isidoro de Sevilla en su libro La Pastora coronada, texto publicado en 1705 aunque probablemente escrito unos años antes. Ninguno de los elementos que aparecen en la pintura fueron introducidos por voluntad del propio pintor. Todos ellos tienen una razón de ser y tienen su explicación para Isidoro de Sevilla.

Evolución de la iconografíaEl 15 de agosto de 1703, después de dar las primeras indicaciones a Tovar unos días antes, el fraile volvió para acabar de configurar la iconografía. En esta visita se incluyeron a los elementos los dos ángeles colocándole a la Virgen una corona imperial.

La intención y el posterior satisfactorio resultado no era otro que el pueblo sintiera esta imagen como cercana al vestirse como una persona dedicada al pastoreo. La expresión de su rostro dulce también sería un factor a tener en cuenta para que impactara en la sociedad.

Tradicionalmente se ha pensado que el tipo iconográfico de la Divina Pastora se difundió sin apenas variantes. Pero lo cierto es que podemos encontrar variaciones del tipo ya a los pocos años de la invención de la advocación, tanto en la geografía española, incluso en la misma Sevilla, como en la iberoamericana.

En la misma ciudad de Sevilla el culto arraigó de manera espectacular, y podemos encontrarnos con un gran número de representaciones de la Divina Pastora con diversas variantes iconográficas. Una de las más repetidas es la de introducir en la típica composición a Cristo como niño en el regazo de su madre. Representar al Niño Jesús en la escena hace que se produzca una doble representación de Cristo, ya que si atendemos a los escritos de fray Isidoro, vemos que la representación de Cristo en esta escena ya estaba presente, mediante la figura del cordero que está siendo acariciado por la Virgen. Probablemente el artista o la persona que encargó la obra no fuera consciente de este hecho, pero lo cierto es que no fue un caso aislado y encontramos gran cantidad de representaciones de estas fechas que se representa a la Pastora con el Niño.

Evolución de la iconografíaTambién en el ambiente sevillano de mediados de siglo nos podemos encontrar con otras variantes interesantes. A la aparición en las representaciones del niño Jesús, también se añadirán otros elementos. Como es el caso de una pintura en la que la  Virgen y el Niño abandonan la parte central de la composición. Al lado contrario aparece una monja en actitud de orante mirando la escena. A esto se ha de sumar un haz de luz donde aparece el Espíritu Santo, representado por una paloma. Probablemente la monja representada sería la que encargaría la escena, pero no poseemos datos sobre quien pudiera ser. La iconografía respondería probablemente a cuestiones de la propia comitente de la obra.

La última variación del tipo iconográfico de la Divina Pastora que merece nuestra atención es la de la Trinidad Coronando a la Divina Pastora. De esta pintura tampoco conocemos el nombre del artífice, pero la debemos situar en el entorno sevillano, sobre la mitad del siglo XVIII. La Virgen aparece en el centro de la composición. Encima de ella aparece un rompimiento de gloria con la presencia de la Santísima Trinidad, conformada por el Espíritu Santo, representado por una paloma, a la parte del centro y a mayor altura, Cristo con una cruz y vestido con una tela roja, y Dios Padre al otro lado de la composición. Entre estos dos últimos sostienen una corona que la colocan sobre la cabeza de la Virgen. El Espíritu Santo también participa de la coronación proyectando un rayo de luz sobre la Virgen. Rodeando la composición aparecen ángeles.

Evolución de la iconografíaLa devoción hacia la Divina Pastora no solo se quedó en el terreno peninsular, también fue difundida en las tierras de América, llegando incluso antes que en muchos rincones de España. Que ocurriera de esta manera es debido al lugar donde se encuentra la ciudad de Sevilla. Esta ciudad fue la que albergó en su puerto fluvial el principal punto de partida hacia América desde el descubrimiento. Al poco tiempo de que fray Isidoro de Sevilla había presentado esta nueva advocación, mandó realizar una estampa para repartirla a los asistentes a los actos que realizaba. Estas estampas no solo se quedaron en la ciudad, parece ser que el fraile, con el propósito de extender el culto a la Divina Pastora mandó en una embarcación un cargamento importante de estas. En el Virreinato de Nueva España la devoción por la Divina Pastora se propagó de manera exitosa en pocos años. Por tanto, se ha de buscar la difusión del tipo iconográfico tanto en los propios misioneros capuchinos como en los fieles indianos provenientes de la zona de Andalucía.

Tenemos otros ejemplos de representación del tipo iconográfico de la Divina Pastora en tierras mexicanas. Un ejemplo es un óleo sobre una lámina de cobre, pintada por Carlos Clemente López en 1746. Esta imagen destaca por varias innovaciones que pretendió introducir el pintor en su composición. La Virgen aparece vestida de Pastora, con el sombrero y el cayado, pero esta vez la encontramos de pie. También aparecen las ovejas pastando a su alrededor. La escena sucede en un lugar del campo, pero no el habitual que era en una especie de monte. A lo lejos podemos observar una casa típica de la región donde se ha pintado el cuadro. A la escena del Arcángel san Miguel salvando a una de las ovejas, se suma otra en la que aparece un lobo intentando cazar dos ovejas.

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Padre de una Devoción



Padre de la Devoción


Fray Isidoro de SevillaHijo de Pedro de Rodríguez Medina Vicentelo y Leonor Díaz de Rojas. Según algunas fuentes, fue familia de don Miguel de Mañara, al parecer primo lejano del padre del fraile. Pese a este parentesco lejano entre ambos, es bien seguro que el noble caballero fue un modelo espiritual en el que fray Isidoro se miró durante sus años de niñez y juventud, si bien el año de nacimiento del capuchino coincide con el año de ingreso en la Hermandad de la Caridad de Mañara. Pese a estos fuertes antecedentes religiosos, se señala a un hecho fortuito o accidental, la toma por parte de fray Isidoro del hábito.

Varios de sus familiares profesaron la vocación religiosa, encontrándose entre ellos, según el padre Ardales, fray Andrés de Sevilla, quien influyó sobremanera en el paso definitivo para la toma de los votos del joven fray Isidoro.

Comenzó su formación en el Colegio de San Hermenegildo de Sevilla, regentado por la Compañía de Jesús. Posteriormente, al menos se formó un par de años en cánones y leyes en el Colegio Mayor de Maese Rodrigo de Sevilla, probablemente sin llegar a graduarse. Fue trasladado al convento de Écija en 1682 donde comenzó su etapa de estudiante dedicándose durante un año al aprendizaje del latín, pasando al año siguiente a Cádiz donde inició sus estudios de Filosofía. Sería esta la primera estancia del fraile en la ciudad, que se prolongó hasta 1686, cuando fue trasladado para continuar su formación en Granada donde fue ordenado sacerdote. Continúo aquí su formación durante tres años más estudiando Sagrada Teología como alumno del lector fray José de Lucena. Esta formación le capacitó para desempeñar las labores de predicador. Inició su trayectoria misional en 1687 y tras un periplo por diferentes enclaves andaluces donde ejerció como predicador, recayó nuevamente en la sede sevillana en abril de 1694. Seis años después, en capítulo provincial, se decide el nuevo traslado a la ciudad de Cádiz en el mes de octubre. Sería esta etapa de vital importancia, ya que lo aprendido y experimentado durante estos años será el germen fundamental para sus acciones en Sevilla en el marco de la creación de la nueva devoción a la Divina Pastora.

Su amistad con Feliciano de Sevilla, Pablo de Cádiz y Luis de Oviedo, le influyó profundamente, poniendo en práctica las experiencias y conocimientos adquiridos con ellos a su vuelta a Sevilla. Lo puso en práctica inmediatamente con el rezo de los primeros rosarios públicos, que se venían realizando en Cádiz desde 1690. En el capítulo del 12 de enero de 1703 celebrado en Sevilla, fue elegido ministro provincial José de Lucena, quien reintegró a fray Isidoro al convento sevillano. Lo aprendido con sus hermanos Pablo y Luis se hizo notar de manera inmediata, ya que en los rezos del Santo Rosario, que gozaba de una importante acogida entre la ciudadanía, incluyó una serie de novedades basadas en la adopción de la corona franciscana. Este método consistía en efectuar secuencias de avemarías que se repetían de diez en diez tantas veces como años de edad cumplió la Virgen María en vida, y entre las cuales se intercalaba un padrenuestro. Este cortejo se dirigía a un lugar amplio y donde se consideraba que la moralidad en la vida cotidiana se relajaba de forma categórica, como era el caso de la Alameda de Hércules.

Con esta importante base, fray Isidoro comenzó a implicar a la Divina Pastora como pendón de estas prácticas renovadoras de la religiosidad popular. Fue la advocación de la Virgen como Pastora una ocurrencia o inspiración que comenzó a poner en práctica a partir del 24 de junio de 1703, junto a los ya conocidos rosarios públicos en honor de la Inmaculada Concepción. Esta ocurrencia, como él mismo la calificó, la tuvo mientras rezaba en el coro bajo de la iglesia de los capuchinos de Sevilla. Fue a solicitar los servicios de Alonso Miguel de Tovar, el encargado de plasmar plásticamente por primera vez la imagen de la Divina Pastora en el famoso estandarte. La primera obra efectuada ex profeso fue una pequeña representación de la advocación en una plancha de cobre, que posteriormente serviría como modelo para las que vinieron después, ya representadas en lienzos de mayores proporciones. Esta pequeña pieza la llevó el fraile consigo durante sus predicaciones hasta su fallecimiento.

Todos estos preparativos eclosionaron en la primera salida del 8 de septiembre de 1703.

Desde el año siguiente de 1704, fray Isidoro se dedicó a dejar constancia por escrito de todos los hechos acaecidos durante la propagación de esta nueva devoción. Junto a la ya conocida y fundamental obra La Pastora Coronada, toda persona que hubiese tenido algún tipo de revelación o experiencia mística en relación a la Pastora, lo declaró bajo juramento ante notario, dando fe de lo acaecido. Se evitaban así posibles ataques de sectores religiosos contrarios a la nueva creencia mariana.

Pastora AssumptaEn octubre de 1705 se publicaba la obra capital sobre la advocación, La Pastora Coronada, escrita por fray Isidoro, el cual y según recientes trabajos, ya la tenía prácticamente terminada en 1703 y tan sólo dos meses después del primer rosario público presidido por la Divina Pastora. En la misma, pretende exponer y explicar una idea discursiva sobre la Virgen María como Pastora universal. Para ello, se apoya en su predicación, así como en los padres y doctores de la Iglesia y en las analogías que establece entre la Virgen y la imagen de pastora que se encuentra en la Biblia. Sin embargo, esta obra quedó relegada con el tiempo por La Mejor Pastora Assumpta, publicada en 1732 en la que el capuchino desarrolló más exhaustivamente la nueva devoción. Esta obra fue efectuada con la intención de que perdurase en el tiempo y se conservarse en las distintas bibliotecas, por su formato en folio y su elaborada portada a dos tintas. Durante el Lustro Real (1729-1733), fecha en la que la corte de Felipe V se estableció en Sevilla aprovechó esta coyuntura para difundir la nueva devoción por el ambiente cortesano.

Escritor, biógrafo de miembros de la orden como Pablo de Cádiz, Luis de Oviedo o Francisco de Lorca. Misionero. Predicador de plaza. Fue un fecundo escritor, destacando su faceta de cronista, de la que se desconoce la fecha exacta en la que fue elegido, Pese a esta prolífica producción, la figura de Isidoro de Sevilla se inscribía más en la de un fraile predicador que en la de un historiador, dejándose notar en algunos de los capítulos de su crónica en los que no son exentas las exaltaciones religiosas. El notable manejo de las letras divinas y humanas, lo convirtió en un importante productor de obras escritas durante toda la primera mitad del siglo XVIII. Fundamentalmente destacan las biografías dedicadas a diferentes hermanos capuchinos, de vida ejemplar y de una repercusión importante en el seno de la Orden. Generalmente las articula del mismo modo, narrándose desde el nacimiento la vida de estos frailes, centrándose posteriormente en sus esfuerzos y logros en la predicación, así como aquellos posibles milagros realizados bajo el amparo de la Virgen María. Esto se argumentaba con una serie de escritos o testimonios de otros frailes contemporáneos, que afirmaban la beatitud del protagonista del texto.

Siendo anciano y con la vista perdida, no dejaba de predicar la novena de la Divina Pastora. En una ocasión, fue tal el fervor que experimentó el fraile en su exaltación religiosa, que recuperó la vista y bajó sólo del púlpito, ante la admiración y devoción del público congregado, que se acercaban al capuchino para cortar retales de su hábito.

Predijo su propia muerte, que recibió anhelando el encuentro con la Divina Pastora. Ocho días estuvo sin sepultar, al no presentar signo de descomposición y por ser deseo de los fieles el velar y acompañar al venerable padre. Al morir, lo sangraron corriendo la sangre líquida como si estuviese aún con vida, hecho que se le atribuyó a un milagro como tantos otros. Se oficiaron misas solemnes por su fallecimiento en Sevilla, Cádiz, Utrera, y en aquellos lugares donde fundó hermandades pastoreñas.

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Cuna de una Devoción

 

Cuna de una Devoción

Coro BajoSegún las crónicas de la época del Convento de Capuchinos de Sevilla, en vísperas del 24 de Junio de 1703, mientras oraba en el coro bajo del convento el V.P. Fray Isidoro de Sevilla,  tuvo una inspiración en la que visionó a la Santísima Virgen. Se encontraba vestida de Pastora, “bajo la sombra de un árbol …, sedente en una piedra, … cubierto el busto hasta las rodillas de blanco pellico ceñido a la cintura, … manto azul aterciopelado, … sombrero pastoril, y junto a la diestra, el báculo de su poderío. En la mano izquierda, rosas, y la mano derecha sobre un cordero que acoge hacia su regazo. Algunas ovejas la rodeaban y todas, en sus boquillas llevaban rosas, simbólicas del Ave María. En lontananza una oveja extraviada era perseguida por el lobo, pero pronunciado el Ave María, aparecía San Miguel con la flecha que hunde en la testuz del lobo maldito…” A partir de este momento dedica todos sus esfuerzos a difundir el novedoso título y atuendo de Divina Pastora de las Almas.

Boceto de relicario antiguoEn este afán encarga al Pintor Miguel Alonso de Tovar lo que sería la primera representación iconográfica de la Divina Pastora de las Almas.

La presentación pública de la advocación fue el 8de septiembre de ese año cuando se procesiona la pintura en rosario público hasta la Alameda de Hércules. Desde la ciudad hispalense, la imagen de la Divina Pastora comienza la expansión por toda la orden capuchina y por toda la geografía andaluza gracias al incansable apostolado del Venerable Padre Isidoro y sus compañeros de camino Fray Luis de Oviedo y Fray Feliciano de Sevilla. Fallecidos estos a mediados del S. XVIII toma el testigo el mayor Apóstol de la Devoción Pastoreña el Beato Diego José de Cádiz, luchando por la propagación de la misma hasta su muerte en 1801, consiguiendo un hecho muy importante para la Advocación, y es que el 8 de septiembre de 1798 se firma el siguiente Decreto Provincial Capuchino: “En todas las iglesias de nuestros conventos, donde no se halla altar dedicado a la Divina Pastora, que juzgamos sean muy pocos, se formará altar y se colocará en él de bulto o pintura, según la posibilidad del convento, la imagen de María Santísima en el modo y forma que está en uso expresar a la Señora bajo este dulcísimo título de Divina Pastora de las almas”. Esto llevará a artistas y artesanos a diferentes interpretaciones de la iconografía original.

Iconografía. PinturaHoy día, esta cercana advocación, netamente sevillana es la Titular de la Provincia Capuchina de España, Patrona de las Misiones Capuchinas, Patrona del Noviciado de las Hermanas de la Cruz y Patrona del Deporte Nacional, quedando su expansión asentada en toda la geografía española y en gran parte de la sudamericana.

 
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Apóstoles de la Divina Pastora

 


Fray Luis de OviedoSi consideramos a Fray Isidoro “al que movía los humanos corazones para séquito de las virtudes y para el aborrecimiento de los vicios” (El Montañés Capuchino y Misionario andaluz, Dedicatoria a Fr Luis de Oviedo. Fray Isidoro de Sevilla). Realizó gran cantidad de misiones populares en Andalucía.

Fray Diego José de CádizFray Diego José de Cádiz fue sin duda el gran Apóstol, dedicando su incansable vida misionera a portar el estandarte de la Divina Pastora por toda la geografía andaluza y española misionada, que para el siglo XVIII no era un agradable paseo, símbolo inequívoco de su beatitud. Pasaba las noches a los pies de Jesús Sacramentado, y de su Divina Madre, su querida Pastora con cuya protección comenzaba sus misiones. Introdujo el culto a la Madre del Divino Pastor en numerosísimos lugares de Andalucía, Castilla, Aragón, Cataluña, Valencia, etc. Predicó por todas partes las glorias del celestial Pastorado de María, llegando a ser impulsor del reconocimiento de la Iglesia y la institución por el Papa Pío VI, el 1 de agosto de 1795, de la Fiesta Litúrgica de la Madre del Buen Pastor.

Fray Esteban de AdoainFray Esteban de Adoain el apóstol que traspasó las fronteras españolas durante el siglo XIX. Este Venerable padre llegó a fundar pueblos en Sudamérica bajo la protección de la Divina Pastora. Durante su mandato como Provincial se consigue que SS Clemente XI declare “Patrona de las Misiones Capuchinas” a la Divina Pastora, previa aprobación del Capítulo General de 1932.

Fray Juan Bautista de Ardales ya en el siglo XX resulta el último apóstol de la Devoción, con una vida marcada por la pasión que sentía por la Madre de Dios en este humilde título de Divina Pastora de las almas. En 1914 asume el cargo de Vicario en el Convento de Sevilla y la Santa Sede lo nombra Doctor en Sagrada Teología y miembro del Claustro de Doctores de la Universidad Pontificia de Sevilla.

En 1917 es elegido Primer Definidor Provincial y nombrado Guardián del Convento de la Ronda. A partir de entonces se consagró a dar un gran impulso a la devoción de la Divina Pastora, mediante la edición de impresos, estampas, fotografías, medallas… Comenzó a trabajar en la parte documental y en la colección de cuadros, azulejos, relicarios y objetos que terminarían convirtiéndose en el Museo de la Divina Pastora, tristemente desaparecido y sus piezas desaparecidas en un alto porcentaje.

En su primer viaje a Roma, consiguió que la Divina Pastora fuese declarada equae principales, es decir, Titular de la iglesia de capuchinos de Sevilla, por serlo ya Santas Justa y Rufina.

Fray J.B. ArdalesLa incansable labor del Padre Ardales, fiel continuador de la “Inspiración” del Padre Isidoro, de expansión de la Devoción Pastoreña lo llevó a promover y organizar la Coronación de la Divina Pastora de Capuchinos de Sevilla, en la que trabajó con entrega y tesón, tanto en su aspecto material (diadema y corona de la Virgen, certamen literario, fiestas de la coronación…) como en su dimensión religiosa.

Ya en 1937 y dejando el cargo de Ministro Provincial, se dedicó por entero a documentar la devoción a la Divina Pastora, trabajo que verán sus frutos en La Divina Pastora y el Bto. Diego José de Cádiz. El museo por el que tanto trabajó se hizo precisamente realidad en este mismo año, cuya ponencia inaugural la pronunció el profesor Hernández Díaz. Todo ello obedecía fundamentalmente a la intencionalidad de que la originalidad de la Devoción a la Divina Pastora, jamás se alejase de la figura de fray Isidoro de Sevilla, y por supuesto de la Provincia de Andalucía. Sobre este particular publicaría numerosos trabajos en El Adalid Seráfico, entre las décadas de 1940 y 1950. Su afán por extender la devoción a la Divina Pastora, lo llevó a regalar un cuadro de la misma a la comunidad capuchina establecida en Guatemala, más concretamente en la región de Jalapa.

La erudición de fray Juan Bautista de Ardales se pone también de manifiesto en su círculo de amistades, llegando a tener contacto con importantes escultores, pintores y orfebres de la Sevilla del momento. Esto se evidencia, y traemos nuevamente a colación la importancia que adquiere la Divina Pastora en buena parte de la vida del fraile, en la que es sin duda una de las piezas más notables de las que en origen conformaron su museo, como es el relicario de plata de Manuel Seco Velasco, realizado en 1953, que fue encargo por el padre Ardales. Su función fue y sigue siendo, la de sustentar la que tradicionalmente se ha considerado como la primera representación de la Divina Pastora, según el encargo realizado por Isidoro de Sevilla a Alonso Miguel de Tovar. La pieza, una pequeña placa de cobre sobre la que se plasma la visión del fraile, sirvió como modelo para las que vinieron después, entre ellas el primer gran lienzo efectuado con la representación de dicha advocación.

A colación con lo expuesto, su amistad con el artista Sebastián Santos Rojas se vio reflejada en la elaboración de una Divina Pastora para el Colegio Seráfico de Antequera, como homenaje a los 62 años como capuchino de Ardales, que se conmemoraron en la década de 1960.

También le unió gran amistad con el artista Enrique Orce Mármol, de quien llegó a ser director espiritual y ofició su funeral. Importantes fueron los encargos realizados junto al padre Ángel de Cañete, fundamentalmente obras cerámicas de sublime factura con la imagen de la Divina Pastora.

Sin duda, una de las frases que mejor pueden definir al padre Juan Bautista de Ardales es la que escribió Daniel de Palencia con motivo del fallecimiento del fraile en El Adalid Seráfico: “Ahora no puede sufrir su modestia. Y a boca llena podemos afirmar que ha sido el apóstol cumbre de la Divina Pastora, digno de figurar al lado del Beato Diego José de Cádiz y el Venerable Padre Isidoro de Sevilla”.

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La Divina Pastora en el Arte y la Artesanía


La Divina Pastora en el Arte y la Artesanía

A lo largo de los más de tres siglos con los que cuenta la Advocación encontramos innumerables piezas en los que queda estampada la impronta de los artistas y artesanos, las épocas en las que se realizaron, las corrientes y gustos con los que convivían, etc. En aquel Museo de la Divina Pastora que existiese en el recibidor grande de este Convento se pudieron admirar casi todas las disciplinas artísticas: Orfebrería, talla, pintura (sobre tela, madera, metal e incluso cristal), bordados en seda, grabados, estampas, relieves en barro.

Algunos ejemplos:

Pastora del Orbe

Pastora del Orbe

Busto de la Divina Pastora

Busto de la Divina Pastora

Camafeo con Divina Pastora

Camafeo con Divina Pastora

Cerámica con Divina Pastora

Cerámica con Divina Pastora

Cerámica con Divina Pastora

Cerámica con Divina Pastora

Escultura de la Divina Pastora

Escultura de la Divina Pastora

Estampa de la Divina Pastora

Estampa de la Divina Pastora

Grabado de la Divina Pastora

Grabado de la Divina Pastora

Medalla de la Divina Pastora

Medalla de la Divina Pastora

Pintura de la Divina Pastora

Pintura de la Divina Pastora

Pintura de la Divina Pastora

Pintura de la Divina Pastora

Pintura de la Divina Pastora

Pintura de la Divina Pastora

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Expansión de la devoción a la Divina Pastora

 
Desarrollo y expansión


Expansión de la DevociónLa Devoción comienza a llegar a diferentes lugares de la geografía, en principio, donde hubiese casa capuchina y todos los lugares por donde pasara un fraile. Fray Isidoro reconoce expresamente haber fundado, además de la Primitiva de Santa Marina, las hermandades de Carmona (1706), Utrera (1707) y Jerez de la Frontera (1713). También se le atribuye la fundación de las hermandades de Cantillana (1620), de la iglesia de San Lorenzo de Sevilla (1732), Cádiz (1733), Isla de León o San Fernando (1733), Arcos de la Frontera (1736), San Lorenzo de Sevilla (1738), Dos Hermanas (1743), Almadén de la Plata, Aracena, Andújar, Alcalá la Real, Coria del Río, Arahal, Marchena, Écija, Los Palacios, Morón, Olivares, Ronda, Villafranca,  San Fernando. Fue tal el impulso del que gozó la nueva advocación, que ya en la época decimonónica, el rey Fernando VII mandó a los capuchinos misionar todos los pueblos de la península ibérica, llevando como santo y seña a la Divina Pastora. Los capuchinos la llevaron también a sus misiones en América, África, Asia y Oceanía.

Efectuó unas constituciones para la fundación de hermandades de la Divina Pastora, las cuales contaron posteriormente, con algunas adiciones particulares del beato Diego José de Cádiz.

La impresión de estampas de la imagen también fue otra actividad de suma importancia para su divulgación, llegando a protagonizar hechos milagrosos. Asimismo, se constata de su llegada al Nuevo Mundo, a través de embarcaciones que arribaban en México.

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